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¿Qué es la despenalización de las drogas?

Legalización marihuana

Os dejamos este vídeo de la European Monitoring Centre for Drugs and Drug Adicction (EMCDA) sobre qué quiere decir realmente cuando se habla de la despenalización del #cannabis.

Despenalización, no criminalización y legalización, son conceptos que se utilizan habitualmente cuando se debate sobre la oferta y el consumo de drogas. Pero muchas veces no sabemos su significado.

Este vídeo os ayudará a diferenciar estos términos.

 

Fotos conferencia D.Héctor Brottons del estudio Jurídico Brotsanbert

El 3 de octubre tuvimos una interesantísima conferencia  del responsable del estudio jurídico Brotsanbert  D. Héctor Brottons llamada ” Consideraciones a la ley mordaza y la sentencia del tribunal supremo de Julio del 2015“, compartimos con vosotros las fotos de la conferencia y damos las gracias al estudio jurídico Brotsanbert por compartir con nosotros sus conocimientos en la materia.

Pablo Iglesias ve “razonable” la legalización del cannabis

Pablo Iglesias, legalización marihuana

Después de que Albert Rivera, presidente de Ciudadanos, planteara la posibilidad de abrir el debate sobre la legalización del cannabis, el líder de Podemos, el otro gran partido emergente, se ha manifestado también al respecto.

En estos días donde los pensamientos políticos no venden si ocupan más de un centenar de caracteres, Pablo Iglesias ha usado Twitter para lanzar estos planteamientos, tras ser preguntado sobre un posicionamiento suyo al respecto de hace tres años.

En el 2013, cuando a Pablo Iglesias le expusieron por Twitter que su imagen correspondía a la de un revolucionario, “rojo y melenudo”, él contestó así: “Rojo y melenudo, sí, pero yo soy de Macallan en vaso corto sin hielo, nada de porros ni lumpendrugs”. Las declaraciones de Pablo Iglesias fueron consideradas por muchos como despreciativas hacia los consumidores de cannabis. El lumpen, según la retórica marxista, es aquel sector de la población económica y socialmente marginado, y que no tiene ya iniciativa ni motivaciones políticas para intentar un cambio a su situación social. Así, las lumpendrugs se consideran una herramienta capitalista orientada a la desmotivación de la clase trabajadora.

En este contexto, y recordando aquel tuit, Pablo Iglesias fue interrogado recientemente en un chat:“¿Consideras marginados socioeconómicos a los millones de españoles que consumen cannabis como hacías ver en ese tuit?”. Pablo Iglesias respondió: “Absolutamente no”. Y aprovechó para aclarar que, en su opinión: “El cannabis no es más lesivo para la salud que muchas bebidas alcohólicas”, y que resultaría “muy razonable” legalizarlo de manera parecida a como ha hecho Uruguay, pero se ha excusado: “Dada la situación del país, es verdad que este tema no ha estado entre nuestras prioridades, pero debemos trabajarlo”.

Fuente:  #211 de la revista Cáñamo

Despenalizar el consumo: la alternativa que avanza

Un mundo drogas. Emilio Ruchansky

“Un mundo con drogas”, de Emilio Ruchansky, es una crónica profunda de las seis experiencias internacionales de despenalización que hasta aquí se conocen. Pero en breve serán más: Chile está a punto de permitir el autocultivo de cannabis.

De un tiempo a esta parte, se advierten en el discurso social muchas e importantes voces que –cada vez más seguras y con interesantes argumentos– plantean la despenalización del consumo de drogas y la consiguiente regulación de su producción y comercialización. La pregunta clave es si es posible el diálogo y el intercambio entre quienes así piensan y quienes defienden la prohibición actual. O, dicho de otra manera, si estamos dispuestos a hablar de y sobre drogas.

Porque la despenalización avanza en el mundo más rápido de lo que podemos imaginar: Un mundo con drogas, de Emilio Ruchansky, se terminó de imprimir en junio, y la editorial lo distribuyó de inmediato. Como expresa su subtítulo, analiza “Los caminos alternativos a la prohibición” que se han abierto en Holanda, Estados Unidos, España, Suiza, Bolivia y Uruguay. Podría decirse que de inmediato el libro quedó parcialmente desactualizado porque en la primera semana de julio el Congreso chileno dio la primera votación positiva a un proyecto de ley que despenaliza el consumo de marihuana, tanto para uso recreativo como medicinal, y regula la posibilidad de su autocultivo. ¿Será Chile, dentro de poco, la séptima experiencia que se abre a la alternativa?

Una decisión personal

-El planteo básico de la despenalización parece ser este: si la sustancia que deseo consumir no me impide llevar adelante una vida familiar, laboral, social, por qué no voy a poder consumirla…

–Tengo que hacerte una breve observación de términos. No creo que sea la sustancia la que impida o no tener una vida familiar, laboral, social… el uso que cada persona hace de esa sustancia, principalmente, es el que permite llevar adelante un plan de vida, por así decirlo. En este punto, aparecen distintas coordenadas, qué tipo de uso: recreativo, instrumental, intensivo, problemático. El recreativo de cannabis, por ejemplo, sabemos, y muchos profesionales lo confirman, no representa un daño inminente e irreversible para la salud. En el libro, este tema surge con otra crudeza en las entrevistas del programa suizo de prescripción de heroína legalmente fabricada, gratuita, en pacientes que han fracasado reiteradamente en otros tratamientos. Es un programa pequeño. La mayoría de las personas con problemas de consumo o adicción a la heroína utilizan metadona, un opioide de largo alcance, más estable en sus efectos. Este programa para dejar la heroína callejera por heroína farmacéutica, más que “no impedirles”, te diría que les posibilita llevar adelante una vida familiar, laboral, social y no depender las 24 horas de conseguir plata para financiarse la siguiente dosis; y si la tiene, de utilizar una droga impura en un contexto de ilegalidad. Es distinto hacerlo en una unidad sanitaria. El programa suizo tiene algo inigualable, el respeto por la autodeterminación de las personas, sus elecciones, por menos saludables que sean.

–El programa suizo sería un ejemplo de que adicción no es lo mismo que dependencia, y de que la dependencia a una sustancia se puede trabajar médicamente, aunque eso implique crear una dependencia a otra sustancia, como la metadona.

–La Organización Mundial de la Salud define la adicción como una necesidad compulsiva. Se puede ser dependiente sin ser adicto. Y al revés también. El doctor Daniele Zullino, del Hospital Universitario de Ginebra, explica esto en el libro: la adicción es un problema de “conducta automatizada”. Sobre la dependencia a otra sustancia, creo que el ejemplo de la insulina tiene validez: si se precisa un medicamento para vivir, y muchas personas en el mundo lo precisan, sobra el doble estándar moral. La metadona y la heroína, bajo este concepto, son prescriptos como medicamentos para compensar un déficit neurobiológico. No importa si este déficit es provocado por la persona, por eso no deja de existir. Nadie mete preso a un diabético por comprar golosinas, ni le niega tratamiento por haberlas comido si su enfermedad se originó por ese consumo.

–En cualquier caso, los programas de reducción de daños son específicos para cada sustancia: el reemplazo de heroína por metadona no es extrapolable para reemplazar cocaína; en este caso, puede funcionar la marihuana, aunque sea relativamente.

–El caso de la cocaína tiene sus especificidades, pero los estudios más serios determinaron que existe un uso recreativo, sustentable, pese a generar deterioro y un riesgo permanente por los rebajes utilizados para obtener ganancias. Por lo que pude apreciar en distintas salas controladas de consumo, en Ginebra o Berna, se da información sobre los elementos y la forma correcta de limpiarse tras haber aspirado clorhidrato de cocaína, por ejemplo. O se tiene noción del manejo de la dosis entre los asistentes sociales que trabajan en este tipo de salas, mal conocidas en español como “narcosalas”. La cocaína no es un narcótico, no duerme a nadie… Hay que erradicar el uso no médico del prefijo “narco” ¡urgente! Por otra parte, hay una médica en Uruguay, Raquel Peyraube, que permite a sus pacientes el uso del cannabis para paliar los efectos no deseados cuando cesan o minimizan su consumo problemático de clorhidrato de cocaína o pasta base. No es una sustitución en los términos habituales, pero les funcionó muy bien a muchos de sus pacientes. En Bogotá hubo un intento similar. Lo interesante en este aspecto es que el cannabis termina resultando una puerta de salida, algo que investigué en su momento en la revista THC.

El discurso de la prohibición

-Decís que sólo una mínima porción de la población consume drogas, y sólo una ínfima proporción de los consumidores tiene una relación problemática con la sustancia que consume. ¿Eso alcanza para relativizar la prohibición?

–No hay razones médicas ni sanitarias en la prohibición, aunque ese sea su principal estandarte. La prohibición, su discurso, incluso entorpece e impide la investigación médica y el acceso al tratamiento, algo reconocido en el estudio de la OEA sobre “el problema de las drogas” de 2013. En ese trabajo, que es enorme políticamente, y diverso, se recomendó despenalizar la tenencia de drogas para consumo personal para que las personas con uso problemático puedan acceder al servicio de salud cuando lo necesiten. La prohibición, hoy, le da comer a una “burocracia planetaria”, como bien explicó “el Pepe” Mujica: estamos hablando de miles de oficinas en el mundo, organismos, cursos… Sumemos lo que se gasta en el ámbito de la represión históricamente más que en brindar salud y mejorar los servicios sociales. Y por último, la ganancia de los laboratorios que fabrican precursores químicos, de banqueros que lavan dinero, de empresarios con contactos que se encargan de la logística y de un sector diverso que se nutre de las coimas. El productor, el cultivador de coca, opio o cannabis, por ejemplo en Paraguay, no se hace millonario. Te lo aseguro. Estos distintos actores precisan prohibir, como sea y cuanto más sea. Como dice Zaffaroni en el prólogo: “Han llegado al ideal alquímico: fabrican oro”.

–De todos modos, volviendo al número de consumidores, si es como vos decís, que son una minoría de la población, ¿por qué es habitual, entre nosotros, que numerosos discursos, institucionales o individuales, sostengan que la drogadependencia afecta a uno de cada dos hogares urbanos?

–Lo que afirmo, en base a las estadísticas de la ONU, es que el consumo problemático implica un fenómeno menor dentro del amplio espectro del uso de sustancias. Los términos, claro, se suelen confundir: se asimila el uso a la adicción, cuando sabemos que en realidad no es así. Lo peor es que cuatro de cada cinco personas con consumo problemático no reciben atención médica ni social, según la ONU. Es decir que el grueso del dinero se invierte en reprimir y la poca oferta terapéutica gratuita no es atractiva ni eficiente.

–Vos dirías que ni el consumo ni la relación problemática pueden considerarse delitos, por lo tanto la persecución penal del consumidor es un error: el consumo es consecuencia de un deseo y la relación problemática, cuando se da, una enfermedad.

–Sí. Nuestra Ley de Salud Mental y Adicciones es clara, y diría que hasta derogante de la ley de drogas, que violenta todo: garantías constitucionales, como la privacidad, el principio de lesividad, y también, más allá, el de la inocencia, entre otros. Bajo ningún punto, un padecimiento o una enfermedad pueden constituir delito. Si como parte de ese padecimiento, en la desesperación por comprar la siguiente dosis, se cometen delitos, debe repensarse penalmente qué significado tiene imponer sanciones y negar el acceso al tratamiento, voluntario, siempre. Creo que mi libro contiene suficiente información de lo que significó la relación entre usuarios de heroína en Estados Unidos y delito, cuando recién se empezaron a comparar estudios sobre el tratamiento con metadona, pasados los años. La respuesta penal es un parche cruel e inhumano cuando median problemas profundos de salud, sociales y económicos. La inclusión social, lo que se llama prevención inespecífica, en este aspecto es fundamental. La reducción de daños también. Lo peor es perder o negar el contacto a las personas con usos problemáticos y vulnerables socialmente. Las salas de consumo controlado plantean un desafío muy interesante en este punto.

¿Y el narcotráfico?

-Supongamos que estamos de acuerdo con ese planteo sanitario. ¿Cómo separamos cuestiones de consumo de la persecución del narcotráfico?

–En principio, creo que debemos entender la realidad que rodea al comercio minorista: por ejemplo, “los primarios”, como se los conoce en los juzgados, personas sin antecedentes penales que aparecen vendiendo o guardando sustancias controladas. La ley de desfederalización admite que existe la venta al menudeo, incluso permite que estos delitos sean tratados en juzgados ordinarios, como ocurre en Córdoba o la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, la escala penal que se aplica es la misma que para el tráfico a gran escala, de 4 a 15 años. El doctor Gabriel Pérez Barberá observó esto en un voto en minoría, en el que pidió que se declare inconstitucional el mínimo de la pena y se sustituya por dos años, es decir, que sea excarcelable. Lo mismo debería pensarse en el caso de los soldaditos en Rosario o las mulas en Salta y Jujuy. Son agente menores del tráfico, e incluso me animo a decir que son víctimas de la redes de la criminalidad compleja, por su situación de vulnerabilidad. Pensemos en el fenómeno que se denunció en Ciudad de Buenos Aires respecto a algunas travestis que venden cocaína. Honestamente, con las pocas chances de conseguir un trabajo que tienen, con la violencia que implica ofertarse sexualmente, cuando una de estas personas es arrestada por vender sustancias ilegales, no merece ser tratada de la misma forma o peor que alguien que lava el dinero proveniente de la venta de drogas o que la trafica a gran escala.

–Dejame ser más directo: ¿cómo se desarrolla la despenalización del consumo si no se regulan la producción y la comercialización? Porque la producción está penada internacionalmente, entonces ¿cómo hace un país para admitirla en su territorio?

–Esa es la contradicción que resolvió Uruguay al regular el acceso al cannabis. Obviamente, tendrá que enfrentar los foros internacionales pero tiene un argumento de peso: dar prioridad a los tratados de derechos humanos antes que a las convenciones internacionales sobre drogas. En Uruguay, la tenencia para consumo personal no estuvo penada ni lo está; pero cada juez decidía como le parecía, por lo que se pedían reglas claras en este aspecto. Pero, además, cómo podría alguien conseguir suministrarse cannabis si tenía que relacionarse con quienes comercializan y correr variados riesgos y al mismo tiempo se le impedía el autocultivo. La despenalización de todas las sustancias para uso personal representa un paso necesario para respetar las libertades individuales consagradas en nuestra Constitución, como indica la Corte Suprema en el fallo Arriola. A partir de este paso, se pueden pensar formas de regulación del cannabis, la droga más utilizada. Pueden ser clubes de cultivadores, el autocultivo o un sistema controlado, como los dispensarios en Estados Unidos. O todo junto, como intenta hacerlo Uruguay. Vuelvo a citar a Mujica: “Peor que la droga es el narcotráfico”. Lo importante es dar pasos, por pequeños que sean.

–Desde esa perspectiva, ¿despenalizar es una forma de combatir al narcotráfico? Porque se tiende a pensar lo contrario: que se despenaliza porque el narcotráfico ganó la batalla…

–No creo, en el fondo, que exista una guerra contra las drogas. No en el término tradicional. Y si existe, es evidente que no se pretende ganarla. Me parece que hay una guerra permanente y conveniente, en la que el crimen organizado dedicado al tráfico de drogas ilegales lleva la delantera y se “carteliza”, volviéndose temerario por momentos. El ejemplo más reciente es México, estamos ante “un genocidio por goteo”, como explica Zaffaroni en el prólogo. La represión se retroalimenta, al punto de constituir la “burocracia planetaria” de la que habla Mujica y alimenta al supuesto “enemigo”. Crece el crimen organizado, crecen las agencias que lo controlan. La injerencia internacional de la DEA, la agencia antidrogas norteamericana, nunca cesa. Se crean nuevas etiquetas: narcogobierno, narcoguerrillero, narcomodelo, narcotravesti, narcopalomas… El negocio sigue intacto. En este escenario, desarmar al crimen organizado requiere de muchos esfuerzos y cambios. La despenalización es un paso necesario y urgente en esa dirección. Por supuesto se precisan otros pasos, como se dieron en los países que reseño en el libro. En principio, la despenalización puede aminorar la selectividad y el racismo por parte de las policías de todo el país. Y aliviar a los juzgados y, tal vez, las cárceles. No se despenaliza porque “se perdió”, sino porque se quiere ganar terreno en un paradigma distinto, que involucra una política sanitaria humana y eficaz: quien padece un consumo problemático tiene que llegar a los servicios médicos y sociales, no a la comisaría. La despenalización también es un reconocimiento a nuestra privacidad, como indica el artículo 19 de la Constitución Nacional que tanto se pisotea: las acciones privadas que no perjudiquen a un tercero “están exentas de la autoridad de los magistrados”.

El autor

Emilio Ruchansky es periodista. Ha escrito para distintos medios nacionales, como Página/12, e internacionales, como Lateinamerika Nachrichten (Berlín) y Universo Centro (Medellín). Actualmente, es columnista de judiciales en Visión 7 mediodía (TV Pública) y editor adjunto de la revista THC.

El libro

Un mundo con drogas. Emilio Ruchansky. Debate, 2015. 320 páginas

 

“Uruguay cambió el mapa de la discusión”

La revista de la cultura cannábica THC se gestó a mediados de 2006 para llenar el vacío informativo sobre el tema. La sigla con que fue bautizada remite al tetrahidrocannabinol, el principal constituyente psicoactivo del cannabis.

Emilio Ruchansky fue su editor general durante los primeros cinco años, y ahora es el editor adjunto. Como lo dice en esta entrevista y lo aclara al final del libro, algunos de sus segmentos primero aparecieron en la revista: “Tomé cuatro reportajes hechos en Holanda, tuve que retocarlos por un necesario cambio de registro. La revista tiene un público entendido y permite otras licencias, que acoté después. Aquellas entrevistas fueron un

disparador y un material importante, porque las hice en 2012 y el libro lo empecé un año después. Y claro, fueron determinantes los contactos previos que tenía gracias a la revista y también a Página/12, donde publiqué muchísimas notas”.

THC se basa en su propuesta gráfica: todavía no tiene un formato web y en Facebook, donde tiene más de 150 mil seguidores, sólo adelantan la nueva edición y algún artículo. Mensualmente, distribuyen entre 30 mil y 35 mil ejemplares en Argentina y Uruguay. “El gobierno uruguayo –comenta Ruchansky– anuncia en la revista los requisitos para inscribirse como autocultivador y en los clubes de membresía, lo que da cuenta de la importancia que le dan”.

-¿Cómo impacta en la despenalización el proyecto uruguayo sobre cannabis?

–Lo que pasó en Uruguay cambió el mapa de la discusión, por tratarse de un país cercano, política y culturalmente. Además, es el primero en el mundo en plantear una alternativa al régimen prohibicionista, con distintas plataformas de acceso (autoculivo, clubes y farmacias). El proceso, por supuesto, va a ser complejo, por lo que involucra un cambio tan grande. Creo que en la región hay mucha expectativa por ver su desarrollo; y si funciona, como lo viene haciendo hoy, se transformará en una realidad inevitable.

-La propuesta de Chile es más acotada y cercana a la de Estados Unidos, ¿verdad?

–Permitió primero el cultivo para usos medicinales y terapéuticos. Se trata de un país conservador en muchos aspectos, pero también pragmático. Ya se habilitaron cultivos en La Florida, a cargo de la Fundación Daya, que está pidiendo pista para ampliarlos a otros departamentos del país. La discusión parlamentaria apuntó al autocultivo de seis plantas de cannabis y la tenencia de hasta 10 gramos, lo que permitiría otro avance a nivel regional, no tan grande como el de Uruguay, pero muy significativo.

-¿Cómo están, frente a esos avances, Argentina y Brasil?

-Los gobiernos de Argentina y Brasil tomaron una postura entre distante y expectante. No hay un apoyo explícito, pero el solo hecho de no criticar la regulación uruguaya ni los cultivos medicinales en Chile, ni interferir, es valioso. Argentina quedó relegada ante estos avances, pero en foros internacionales viene teniendo una postura más democrática. Brasil despenalizó, pero subió las penas por la venta al menudeo y generó un fenómeno complicado: empeoró la situación carcelaria. Si sos blanco y fumás en Leblon (famosa playa de Río de Janeiro), para la policía sos un consumidor; pero si sos un favelado, vendés. Hay una campaña para cambiar esto, se llama: “Lei de drogas: é preciso mudar”.

–Es habitual escuchar que la marihuana es la puerta de entrada a las drogas. Pero en tu libro se afirma lo contrario: regular el consumo de marihuana permite reducir el mercado de otras drogas. ¿Cómo se explica tamaña diferencia de opiniones?

–La diferencia se debe a los prejuicios y a la falta de información. Holanda demostró, con dos estudios posteriores, que la segmentación del mercado de cannabis y heroína sirve para alejar a potenciales consumidores de drogas “duras”. Uruguay pretende hacer lo mismo cuando se menciona el “efecto góndola” respecto a la pasta base: la puerta de entrada, bajo este concepto, es el “dealer”, no la droga. Lo cual es lógico. Sí consumís marihuana, ¿quién te puede llegar a ofertar paco o cocaína? El que te vende porro. Además, por muchos años no circuló información, las campañas de prevención se limitaban a decir que la droga mata. Sin distingos, sin consejos ni advertencias para quien elige consumir una determinada sustancia o piensa combinarla. La falta de información también permitió montar el negocio de los tratamientos. Lo dijo el padre Molina, cuando todavía estaba en funciones en la Sedronar y enumeró la cadena delictiva: “Está el que la produce, el que te la vende y el que te cura”. Si son tan opuestas las diferencias, es porque quienes hacen negocio niegan la evidencia que los cuestiona. Esto claramente trasciende lo moral, que funciona de disfraz.

 

Fuente: La Voz

 

Manuela Carmena, apuesta por la legalización del Cannabis

manuela carmena

La actual alcaldesa comunista de Madrid por Podemos, Manuela Carmena, ya en su etapa de magistrada que llegó a ocupar el cargo de juez decano de Madrid, su labor progresista y de defensa de los derechos de los que para ella eran los más vulnerables que solían ser los de su mismo pensamiento ideológico, continúo.

Personajes, Famosos, para combatir supuestamente los problemas derivados de su consumo, la necesidad de dotar de alternativas a los desahuciados o la lucha por los derechos de los presos, principalmente de la banda terrorista ETA.

La número 1 de la lista de Ahora Madrid, sucursal de Podemos en Madrid, formó parte de la Plataforma Alternativa sobre las Drogas (PAD), que en el año 1988 se presentó ante la opinión pública pidiendo la legalización de los productos derivados del cannabis y la administración de la heroína a través de la red sanitaria pública. Los promotores de la PAD, entre los que se encontraban miembros de la policía nacional, según han indicado varios medios de comunicación, pedían medidas contra el desempleo, el fracaso escolar y la marginación para paliar los graves problemas de la drogadicción en lugar de la criminalización, y para la alcaldesa Carmena la solución es legalizar las drogas.

 

Fuente: El Municipio

Los socios del Club Cannabis Medical Green evitan el cierre de la asociación

club de cannabis Angrowsol

Una cincuentena de socios del club de Cannabis Medical Green, de Barcelona, han evitado hoy el cierre por parte de patrullas de la Guardia Urbana de la ciudad, al permanecer reunidos en asamblea permanente, por lo que no se podía vulnerar su derecho constitucional de reunión.

La Guardia Urbana se había personado esta mañana en la sede de la citada asociación para precintar el local por orden del Ayuntamiento de Barcelona, que considera que los responsables del club han roto un precinto sobre diversas modificaciones medioambientales que se debían realizar, según han explicado fuentes de la asociación Medical Green.

El representante legal de este club, Martí Cànaves, ha explicado hoy a EFE que la asociación ha realizado las reformas de la sede conforme a los criterios medioambientales solicitados por el ayuntamiento barcelonés, que fueron validadas por una empresa especializada y presentadas ante el consistorio.

Sin embargo, el ayuntamiento “no notificó respuesta durante el plazo que tenía para hacerlo dando paso así al silencio administrativo”, ha indicado.

Ante este silencio, la asociación decidió abrir sus puertas hace cinco meses, y recibió posteriormente un aviso de precinto para hoy, lunes, que no ha sido ejecutado por las patrullas de la Guardia Urbana que se han personado ante el club al estar reunidos en asamblea permanente los socios.

El precinto de este club llega después de conocerse este pasado fin de semana una sentencia de la Audiencia de Barcelona que absuelve al presidente y al vocal del club cannábico “María de Gracia Club” y avala este tipo de entidades de “consumo compartido”, por sus “evidentes ventajas” para los socios, ya que no ponen en peligro su salud ni la de terceros y evitan tener que acudir al mercado negro.

El pasado mes de marzo la Audiencia barcelonesa ya absolvió a tres responsables de otro club, “Three Monkeys”, en una sentencia que avalaba este tipo de asociaciones si estaban debidamente inscritas y limitaban el consumo de marihuana en el interior del local y sólo para socios.

 

Noticia de Cannabis Magazine

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